Cuando nació Lucía, una noche de verano, a su padre Manuel nadie lo vio contento, ni feliz ni orgulloso por semejante acontecimiento tan bello como es el nacimiento de una hija.
¡Pues lo cierto es que él deseaba un niño!
Fueron pasando las primeras semanas y los primeros meses y a Manuel le brillaban los ojos cada vez que veía a su hijita, no se había dado cuenta de que se había enamorado de su “princesita“, como así la llamaba. Ya tenía a diario el deseo de no separarse ni un solo minuto de ella viéndola crecer en sus primeros añitos sabía que la amaba, y deseaba que todo el mundo supiese que la amaba con toda su alma. Lucía ya era la razón más grande para vivir
A punto de cumplir los 5 añitos ya ocupaba toda la alegría de la casa, en la mente y en el corazón de la familia, especialmente en el de su papá, y ya era una muy fiel seguidora de una orquesta con la que ya se imaginaba cada día de fiesta y cada fin de semana. Una ilusión que no se perdía junto a su padre siempre que aquella orquesta actuaba cerca.
Fue una tarde domingo que se dirigían a una de esas actuaciones, cuando Lucía no se encontraba bien. Ansiaba tanto ver como se abría aquel telón que decidió abrazarse a su padre y no quería regresar sin ver su espectáculo más deseado… Ya en la fiesta, su padre vio como Lucía fue cayendo lentamente. La cogió de nuevo en brazos mientras toda la familia se encaminaban directos al hospital. Allí permaneció por varios días y fue entonces cuando informaron a Manuel que su hija padecía una grave enfermedad, pero no era algo definitivo, pues debían hacerle otras pruebas para llegar a un diagnóstico firme.
Los días iban pasando y Manuel no se separaba ni un solo minuto de Lucía, su madre quería hacerlo pero decidieron que ella se encargaría del resto de la familia y él solo deseaba dedicarse al cuidado de su hijita.
Una noche Manuel se encontraba al lado de su hija, cuando ella le preguntó:
Papá ¿Voy a morir, verdad? ¿te lo dijeron los médicos?
No mi amor… no vas a morir, pues yo no voy a permitir perder lo que más amo en el mundo.
Y si muero voy algún lugar? ¿podré ver desde el cielo a mi orquesta favorita ¿Sabes si podré ir a las fiestas?
No me preguntes eso amor, solo se que si algún día no te tengo a mi lado yo le pediré a tu orquesta favorita que siempre te canten a ti y que siempre te dediquen algo a ti. Sentirás que yo estoy contigo amor cuando me veas aplaudirles como lo hacíamos y pidiéndoles cada noche lo que tu deseabas, más canciones de niños, más canciones para ti.

Al día siguiente por la tarde, llamaron a Manuel. El asunto es muy grave, su hijita estaba muriendo. Un maldito tumor la estaba apagando y su corazón no resistiría sino unos veinte o treinta días más.

Esa misma semana, Manuel se aferra a su única esperanza y decide hacer el mayor esfuerzo por su hija y se encomienda a peregrinar a Santiago de Compostela. Lo hace sin haber arrastrado sus pies más de cien metros en toda su vida y con solo un sueño en su mente. Pedirle a Santiago Apóstol que no le lleven a su Lucía, a su hija, a su princesa.

Todo empieza… al final del camino
Cuando Manuel llega a Santiago de Compostela, después de encontrarse tantas cosas buenas por el camino y muchos deseos de esperanza, no solo consigue alcanzar su ofrenda al Apóstol, sino que también se encuentra con aquella orquesta, la que tanto hacía soñar a su Lucía…
Allí todos los componentes le entregan a Manuel algo muy personal, algo especial para su hijita. Algo con lo que siempre había soñado y deseado.

Es cuando ese padre decide llamar a casa con un sueño en forma de regalo entre sus brazos para su princesita y al otro lado del teléfono es mamá con los ojos llenos de lágrimas…
… es mamá quien le contó el triste final, sin decir ni una sola palabra.
No hicieron falta más palabras que aquel llanto entrecortado por el dolor de una madre que ha perdido a sus entrañas…
¡Se nos ha ido cari!  ¡Su corazón se apagó!